
Este fin de semana acudí a una boda. No era una boda corriente: celebraban matrimonio dos personas del mismo sexo. Parece mentira, pero a estas alturas, ya en pleno s.XXI, nuestro ordenamiento jurídico se ha puesto al día en cuanto al reconocimiento de parejas homosexuales, con las limitaciones por todos conocidas, pero al fin y al cabo, es ya una realidad de la que muchas personas podrán beneficiarse. Y podrá hacerse realidad aquello de "todas las personas son iguales ante la Ley...sin discriminación alguna de edad, sexo o religión...etc, etc.
Como decía fue una boda atípica, pero, y he aquí lo más bonito e importante del caso, fue celebrada con la mayor naturalidad del mundo. Y rodeada de actos tradicionales (no faltó la tuna, ni tampoco un sentido y emotivo homenaje a la salida del Ayuntamiento en la que los principales protagonistas fueron los hijos de las contrayentes). Familias enteras se acercaron a presenciar la ceremonia y compartir con ellas ese momento tan importante en sus vidas.
El convite se celebró en una masía, si no recuerdo mal, del siglo XVII. Modernidad (en el sentido legislativo) mezclada con la tradición, con la historia. Y la felicidad ante todo. ¿Qué más da el sexo de los/las contrayentes si entre ellos sólo existe felicidad y así lo transmiten ante todo el mundo?.
Pues allí estábamos, compartiendo ese momento. Familias enteras, jóvenes, adultos, niños, solteros con y sin pareja...todos disfrutando del momento, bajo un sol de justicia, bajo una tela montada al efecto, y todos esparcidos en diferentes mesas. Abundó la comida, durante todo el día. Desde que llegamos hasta bien entrada la madrugada. Fue un no parar, un picar continuo, que si ensalada, embutidos y pa amb tomàquet por aquí, que si all i oli por allá, que si costillitas, que si calamares, gambas (aunque a mí no me gustan), botifarres, dulces y saladitos, sandías, melones, macedonias, cava, vino, refrescos, zumos...un maravilloso sacher con las figuras de las novias (qué divertidas!)...y por la noche queso, foet, sobrasada, más pà amb tomàquet, vino blanco...el convite duró horas y horas, pero la felicidad y la diversión (a la par que el cansancio) iba creciendo a medida que transcurría el día. Era impactante la visión de nuestra mesa bien entrada la tarde: había más botellas que en el resto de mesas colindantes...aunque yo sólo dí buena cuenta de varias botellas de agua, y de algún que otro refresco y dos sorbos de cava.
Yo tuve mi momento LUSER, como siempre: en el momento en que el pastel debía desfilar con la música de fondo, aquí el menda fue quien dió la señal de salir; pero justo cuando salían la música dejó de sonar. Siempre me pasa algo...
Me quedo con muchos momentos geniales vividos en aquella masía perdida en la montaña...como cuando entramos a inspeccionarla, subiendo y bajando por varias escaleras y descubriendo todas y cada una de las habitaciones. Los cuadros daban miedo, en especial uno en el que aparecía el retrato de una anciana y la tela aparecía rasgada. Primero el cuadro estaba colgado, luego apareció misteriosamente en el suelo. Yo miraba cada uno de los cuadros y me imaginaba a las personas retratadas y el momento de ser inmortalizadas. No me atreví a imaginarme sus vidas, pero sus rasgos inspiraban algo de miedo, sobretodo aquellos retratos que eran en blanco y negro. Como contraste, las paredes aparecían pintadas en diversos tonos de colores, transmitiendo algo de vida, aunque no se caracterizaran por ser colores muy vivos...

Habían máquinas antiguas, antiguos telares, máquinas de coser, multitud de habitaciones, una cocina...bueno, mejor no hablar de la cocina. Y de los que allí trabajaban, conformaban un grupo muy "especial". Pero que muy especial...
Mención aparte tiene la velada nocturna, en la que pasó de todo... Empezó en el vestíbulo, con un par de conversaciones de lo más especiales, varias teorías y de fondo...de fondo..."música". Si es que a Raffaella Carrá la podemos incluir en dicho concepto, aunque realmente estábamos de acuerdo en el fondo de su mensaje, no en la forma (léase que sonaba fiesta! que fantástica, fantástica esta fiesta!).
Pero desde la madrugada hasta prácticamente las 3 de la mañana el cansancio y, en algún que otro participante también el alcohol, empezaron a hacer sus efectos...y allí acompañados de una guitarra con un parche y cinco cuerdas (Rocío, así se la bautizó), algún que otro bongo, unas maracas y un poco de inspiración, las risas se sucedían una tras otra. Creo que no me reía tanto en tiempos. Bueno, casi como la noche que fui a ver a Rubianes (bueno, las dos noches que le he ido a ver). Me dolía el estómago de tanto reir, a la par que se me cerraban poco a poco los párpados...así se sucedieron nominaciones, competencias desleales con el aparato de música, apareció el conejo de las brat's (sí, sí), se demostró el virtuosismo musical tocando a Rocío con los pies (Rocío es la guitarra, nada de fetichismos y menos a la vista de todo el mundo!), se organizó un concurso de adivinar canciones sólo oyendo el tam-tam...a todo esto, todo era a grito pelado...como se notaba que estábamos solos, nadie dormía y todos aprovechábamos la velada para desatarnos...
Mientras tanto las novias observaban el cielo. Habían planificado este día para que coincidiera con una preciosa luna llena, que había aparecido a esas horas. Y felices la observaban desde el portal de la masía...me acordé de su conversación en la cena, cuando mostraban sus anillos de compromiso, uno con el símbolo del Sol y el otro con el símbolo de la Luna...recordé que llevaba mi colgante, que es también el símbolo de medio Sol y media Luna...me pareció muy curioso.

Llegó la hora de dormir, además, pernoctábamos en la masía. Estaba ya deseando ese momento...y cuando todo parecía en orden y el momento de cerrar los ojos se aproximaba, alguien intentaba abrir. El cerrojo estaba echado por supuesto...pero quien había detrás de la puerta no se dio por aludido, y siguió insistiendo, hasta que marchó. Pero volvió con refuerzos...e insistiendo insistiendo abrieron la puerta, a lo que un grito casi inaudible ("eeeeeeeeeeeeeeh") sirvió para que se apercataran de que allí había alguien, por si no lo habían comprobado...había que ser bastante corto para no darse cuenta de que si costaba abrir la puerta era porque tenía el cerrojo puesto...
Y en un abrir y cerrar de ojos...llegó el amanecer...

El domingo fue radiante, una mañana calurosa en plena montaña...lo estaba pasando en grande, aunque había dormido muy poco, pero no importaba, me sentía bien, muy bien...
Desayunamos bajo aquella tela, los que finalmente pernoctamos aquella noche en aquella masía perdida...el desayuno fue, para variar, abundante y variado, la verdad es que nadie quería ver más comida, pero en aquella mesa desfilaron cacaolats, zumos, cafés con leche, dulces de hojaldre, saladitos, croissants, pastas con chocolate, embutidos, mermelada, mantequilla, más pà de pagès...una auténtica locura...yo dí cuenta de los dulces de hojaldre, a pesar de que no me entraba nada más en el estómago, todos los huecos estaban ya ocupados...
Finalmente nos despedimos del ya ahora sí, matrimonio a todos los efectos, agradeciendo su hospitalidad y felicitándoles por su nueva vida...estaban inmensamente felices...
Y así el domingo empezó a transcurrir...y en el regreso un pequeño saltamontes nos hizo compañía en el coche...yo no tenía ningunas ganas de regresar a la civilización. Ninguna en absoluto, supongo que el saltamontes tampoco...Por la tarde, una visita al hospital donde mi hermana mayor descansaba mientras le hacían pruebas (la cuenta atrás está llegando a su fin...tres semanas), una película simplemente (y absolutamente) prescindible y un agradable y tranquilo paseo por el Call judío de Barcelona, donde por fin descubrí donde pueden encontrarse la Sinagoga Mayor (los restos de la misma, que fue arrasada en el 1391) y unas inscripciones en hebreo en la pared de un edificio...sólo he tardado 31 años en encontrarlo, vaya tela...
En el regreso a casa me asaltaba la nostalgia de esos instantes y aunque me sentía terriblemente cansado hubiese querido trasladarme de nuevo en el tiempo a ese otro lugar, y a ese otro instante...cuando las voces y las risas sonaban de fondo y la noche estaba bien entrada y en mi mente apareció fugazmente una canción...
Canción de la tarde: R.E.M. - Nightswimming (Automatic For The People 1992).
Más tarde busco el video...
Feliz tarde-noche de lunes.